Ya es febrero. Hace algunos días que no escribo. No escribí nada en lo que fue mi despedida de San Marcos: solo quería estar en el río. Ahora estoy en Rosario, sentada en la mesa de un bar. Tomo un café con leche con medialunas mientras suenan los Redondos. "Con las piernas más bonitas, las más lindas piernas que vi..." Son las 12.43. El tren sale 21.30. La única opción para salir a pasear es dejar las cosas en el locker que está en los baños, no cobran tan caro. La otra opción es irme directo a la estación de tren y esperar ahí, leyendo y escribiendo. Voy por la mitad, más o menos, del libro de Marguerite Duras. No es una mala idea terminarlo. Estoy un poco cansada y no tengo ganas de girar mucho. No cansada mal, pero con ganas de estar tranquila, con el cuerpo en reposo. Me llegan por WhatsApp los flyers del evento del 18 de febrero en el que voy a leer. Tengo que preparar lo mío, que esté bueno. El celular tiene de carga 21%, me gustaría quedarme hasta que se complete, para despreocuparme. Si salgo del bar tipo 14 hs, ya me voy directo a la estación de tren. La semana pasada, cuando estuve un día acá, recorrí bastante. Caminé las calles del centro, fui al monumento de la bandera, al río, me compré un sanguche vegetariano en un puesto, tomé café con leche con medialunas en un bar, conocí árboles amarillos hermosísimos y altos, descubrí un videoclub con una frase de Fellini en la puerta, me subí a un colectivo, dormí en una plaza, pasé por otra llena de caca de paloma y confirmé que el del bar tenía razón cuando me lo dijo y yo había pensado que no podía ser para tanto, caminé por la peatonal, me robé una gaseosa vencida de la puerta de un kiosko, caminé desde la estación de tren hasta el centro mientras amanecía, vi un mural pequeño en una pared de dos osos celestes abrazándose que decía "abrazo de oso" y le saqué una foto que fue mi primera foto del viaje, me compré un agua en el estado de deshidratación quizás más grande de mi vida, pegué stickers, hablé con una mujer en un colectivo y me contó que quería viajar a San Clemente para ir a Mundo Marino, cargué el celular en la estación de tren, me saqué una selfie con un monumento de Belgrano, conocí un mural impresionantemente enorme de San Martín, toqué la guitarra en la costanera; me faltó ir a un museo. Hoy voy a conocer Rosario desde esta mesita de bar en la que siguen sonando los Redondos, desde la terminal de micros mirando a la gente, desde el trayecto que me lleve a la estación de tren, desde la estación de tren. "Saliste ya mil veces de la pista a respirar..."
domingo, 6 de febrero de 2022
miércoles 2/2/2022
Ya es febrero. Hace algunos días que no escribo. No escribí nada en lo que fue mi despedida de San Marcos: solo quería estar en el río. Ahora estoy en Rosario, sentada en la mesa de un bar. Tomo un café con leche con medialunas mientras suenan los Redondos. "Con las piernas más bonitas, las más lindas piernas que vi..." Son las 12.43. El tren sale 21.30. La única opción para salir a pasear es dejar las cosas en el locker que está en los baños, no cobran tan caro. La otra opción es irme directo a la estación de tren y esperar ahí, leyendo y escribiendo. Voy por la mitad, más o menos, del libro de Marguerite Duras. No es una mala idea terminarlo. Estoy un poco cansada y no tengo ganas de girar mucho. No cansada mal, pero con ganas de estar tranquila, con el cuerpo en reposo. Me llegan por WhatsApp los flyers del evento del 18 de febrero en el que voy a leer. Tengo que preparar lo mío, que esté bueno. El celular tiene de carga 21%, me gustaría quedarme hasta que se complete, para despreocuparme. Si salgo del bar tipo 14 hs, ya me voy directo a la estación de tren. La semana pasada, cuando estuve un día acá, recorrí bastante. Caminé las calles del centro, fui al monumento de la bandera, al río, me compré un sanguche vegetariano en un puesto, tomé café con leche con medialunas en un bar, conocí árboles amarillos hermosísimos y altos, descubrí un videoclub con una frase de Fellini en la puerta, me subí a un colectivo, dormí en una plaza, pasé por otra llena de caca de paloma y confirmé que el del bar tenía razón cuando me lo dijo y yo había pensado que no podía ser para tanto, caminé por la peatonal, me robé una gaseosa vencida de la puerta de un kiosko, caminé desde la estación de tren hasta el centro mientras amanecía, vi un mural pequeño en una pared de dos osos celestes abrazándose que decía "abrazo de oso" y le saqué una foto que fue mi primera foto del viaje, me compré un agua en el estado de deshidratación quizás más grande de mi vida, pegué stickers, hablé con una mujer en un colectivo y me contó que quería viajar a San Clemente para ir a Mundo Marino, cargué el celular en la estación de tren, me saqué una selfie con un monumento de Belgrano, conocí un mural impresionantemente enorme de San Martín, toqué la guitarra en la costanera; me faltó ir a un museo. Hoy voy a conocer Rosario desde esta mesita de bar en la que siguen sonando los Redondos, desde la terminal de micros mirando a la gente, desde el trayecto que me lleve a la estación de tren, desde la estación de tren. "Saliste ya mil veces de la pista a respirar..."
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Una reseña de «Diario del dinero» de Rosario Bléfari
El diario del dinero es el último libro de Rosario Bléfari, publicado por la editorial Mansalva durante el 2020. « Voy a la librería para ha...
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