jueves, 27 de enero de 2022

jueves 27/1/2022

Me siento un poco depre, nostálgica, rara. No es la misma sensación que días anteriores. Por ejemplo, ayer fui feliz a la hora que salí del patio del hostel. Hoy, siento que es tarde. Quizás este sea el comienzo de mi diario hormonal. Como me indispuse el 1 de enero (inolvidable) cuento que estoy en el día 27; es decir, me debería venir mañana. Contemplo este estado, lo registro, mi ánimo en el día previo. El clima está como más me gusta: fresco, con un viento muy suave, extremadamente suave, tan suave que decir 《extremadamente》 lo endurece. Tengo puesto el sweater rojo que es como de felpita, debajo el vestido de flores (el cruzadito), un jean, medias cortitas (que le robé a W.) y los borcegos. Y una chalina negra en el cuello que me envuelve lo justo, es la chalina de Delfi, por eso es tan delicada. Creo que su perfume ya se fue del todo, pero huele bien, tiene como el rejunte de muchos perfumes, y un olor de feria americana que lo endulza, es suave como el viento de este patio.

Ahora acá fuera, además de mí, hay cuatro personas más. Dos están juntas en el deck de madera. Son una pareja del Chaco. Los dos tocan la guitarra y cantan, ahora lo está haciendo ella. La escucho más intensamente con mi oído izquierdo, está por detrás, quizás a diez metros. Por delante de mí, si levanto la vista, lo veo a Dante. Él es el encargado del hostel. Está leyendo un libro con los pies sobre la mesa, las piernas estiradas. Sobre la mesa, el mate y la miel. La mesa, las sillas y el banco donde está sentado Dante están sobre un puente de madera roja. Por debajo del puente está el canal de un río, pero no hay agua. Me cae bien Dante; escuché que lee poesía, camina solo a los miradores que están lejos y se acuesta en los bancos de plaza (anoche me lo crucé, yo buscaba la calle Libertad y él escuchaba algo en el celular acostado en el banco, me costó reconocerlo por el ángulo que tenía su cara). Él debe estar a treinta metros, supongo. Más cerca, hacia mi derecha, estaba la bailarina cordobesa en la cama paraguaya. No estaba acostada, tenía la posición en que se inclina el cuerpo como en un micro semi cama. Ahora ya no está, se fue cuando yo escribía lo del puente. Pero mientras estuvo, hizo unos ruidos como si llorara. La pareja del Chaco tampoco sigue tocando la guitarra. La-pareja-de-AnayFede pasó y, de repente, "pero qué linda guitarra", "ah sí, es de viaje", "qué bien que suena, che". Dante sigue leyendo, ahora bajó las piernas al piso y subraya cosas, el cuerpo inclinado hacia el libro, concentrado. Yo sigo escribiendo. Mi ánimo mejoró bastante.

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